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Fuera de cuadro
A Marcos Cuéllar y a Águeda Lozano,
con la especial devoción
de la niña que mimaron

Collage de obras pictóricas de Marcos Cuéllar (fondo) y Águeda Lozano (frente)
~ ~ ~ ~ ~
¿Cuántas cosas dignifican?
¿Y cuáles dejan al ser
a la deriva?
a pesar de ser decente,
o por la terca manía
de no acometer,
no comprometerse
al lance de la vida
tal cual es.
Mano Azul Maya
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1
Recuerdan mis ojos
dos veces resistir
- como estruendos -
un remanso
- el mismo, repetido -
sin un si en el sino,
pero tampoco
fueron en uno
siquiera el eco
de un rótulo de NO.
Digo estruendos
por merced al devenir
y un plagio a los locos,
a lo más misterioso
- virando lo mismo,
sin decirlo -
sin minúsculo fin
si un inicio párvulo,
pero, no excesivo,
eso sí fueron
olvidado uno,
acotado el otro.
2
Se, que muy pocos
entenderán este decir,
porque yo misma no logro
ese vocablo justo
- ¿existe alguno? –
cuando se habla el carmesí
de una mirada que es todo:
uno mismo en otro,
asépticos de un cielo
una vez cada eón.
3
Yo no, no pido tanto,
de hecho, sólo quise escupir
este helecho de luces de oros
que vi se desbanda cada ciclo,
si acariciaban el hecho
arrojando un real sentir:
mostrarse de acuerdo;
y en su traslado salvado
de transitados, varios cantos,
en un presente futuro
reconocerse, para al fin, abandonarlo.
4
Pude haber dicho tan poco
como años y sueños atrás concebí,
pero me consumió lo vedado
y quise decir adiós
como si un hecho consumado
- como todo lo que no viví -
intenté cerrar el pórtico
aunque mi dorado
se fuera de por medio,
y ni el otro lo creyó auténtico
y tal como vino, tal voló.
5
Lagunas quedan sobre los osarios,
lo sabemos, lo recordamos ¡al fin!
pero no hubo un madero,
ni un otero a dónde los dos,
cumplir una sola misión
lográramos - como fue el Verbo -
y por amamos,
armamos un áspid,
y el verbo minúsculo
nos fue dictado
de otros nos apegados,
si el miedo, el presagio, el indulto,
¡jamás lo sabré! ya no,
me es tan ajeno
como injertó su paso,
pero. . . ¡ya pasó!
6
Y mientras mil fe de erratas corrijo
a solas, yendo aún, prodigo
en el canto del vivir un prodigio,
como es normal en mi soplo
ensoñarme por tan poco,
y como suicida del canto del serafín
voy recordando mis mofas a Romeo
con Julieta cedida sobre sus Capuletos,
y recordé, analogías como sarcófagos
recolectando ausencias de afectos;
veo a Marcos fuera de cuadro
dejando ir a una Águeda a otro esbozo,
con su lagrimal granate de amuleto
a una Europa que ya la registra, en París
gran pintora, escultora del centro,
con un esposo, unos hijos
¡ah! y un triste recuerdo
añejo, de treinta y nueve años
cargados en cada lamento
años en que se dieron
el amor como si lo único,
- lo primero/último
nonato/no muerto -
el único y verdadero
umbral que les brilló
- yo lo vi,
en sus miradas lo viví -
7
y como concluyente alusión
he aquí que Shakespeare me irrumpe,
insistente, como un fantasma clarividente
del tiempo sin tiempo, ¡alucinación!
Se ríe, muestra su calavera, ¡todos sus dientes!
como un vampiro vano
- hasta ordinario -
pero sabio, y me mira de frente
como si de dementes
mi mundo mudo no fuera suficiente,
me dice: “At thy good hearts oppression”
y sin más, arroja un papel viejo
sobre el cenicero
sobre las diez colillas de estos horarios,
es su firma, por si alguna duda incipiente:

8
Suelta una carcajada de miedo,
da media vuelta, y me escupe
¡me escupe en la espinazo!
Pobre de mi dorso empinado
desde hace milenios
sobre este frío arado
- como los ridículos amores -
en este silencio insensible;
y reconozco que, sobre el tiempo,
no hay medidas, es cierto,
pero sobre los corazones
no hay más que sueños de noches
y casi todos sin estaciones.
9
Se esfuma Maestro,
usted, don Shakespeare
con su Sueño de una noche
de verano
en un otoño aún candente,
como sus Julietas y Romeos
como mis Águedas y Marcos
se desvanecen, no mueren,
de este nuevo milenio
de despertares – dicen -
pero que no,
nadie comprende
o comprendemos,
es lo mismo pero al revés,
y a tan exalta luz no,
los cuerpos no se comprometen
aunque las almas le griten
les guiñen y animen
¿voce capice?
10
Sí, voce capice Maestro
porque usted lo escribió,
la misma historia en ciclos
de los imbéciles
que somos,
en el eterno después.
Fuensanta González ®
a 11 de octubre de 2006
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